En el ámbito teatral, hay muchas creencias acerca de lo que trae buena y mala suerte. El origen de gran parte de ellas proviene del antiguo teatro. Aquí os dejamos algunas de ellas
1. El amarillo, color proscrito
El color amarillo está proscrito en el mundo de la
escena, e incluso hay quien se pone nervioso si alguien del público lo lleva.
Al parecer, nace de la muerte en escena del dramaturgo francés Jean-Baptiste
Poquelin, Molière. En febrero de 1673, Molière estrenó «El enfermo
imaginario», y vestía de amarillo. En plena representación se sintió
indispuesto y pocas horas después moría en su casa. Desde entonces, se
considera este color gafe para el escenario.
2. Prohibido desear suerte
No lo hagáis! O cualquier actor que esté a
vuestro alrededor os obligará a retractaros de inmediato; pues es bien sabido
que, en el mundo de la farándula, la tradición de desear “mucha mierda”
(“merde” en francés) antes de comenzar la función está tan arraigada que no
hacerlo ya de por sí supone una afrenta contra el destino de la obra.
Esta
tradición, venida a superstición, encuentra su origen en el París del s. XVIII
cuando, durante la actuación en corrales de comedia, los coches tirados por
caballos esperaban aparcados a la salida. Así, si a la salida el suelo estaba
tapizado con excrementos de caballo, esto significaba que la función había sido
un éxito de concurrencia.
3. Macbeth, la obra maldita
Las gentes de la escena evitan decir la palabra
«Macbeth» en el teatro, y se refieren a ella como «la obra escocesa».
De
hecho, existe incluso un ritual en el caso de que alguien la pronuncie para
limpiar la maldición: salir del teatro, escupir en el suelo, girar sobre sí
mismo tres veces y pedir a gritos poder volver a entrar en la sala. Acerca del
origen, tampoco está claro.
Hay quien culpa a Shakespeare, por incluir
conjuros y maldiciones auténticos en el texto. Otros dicen que a las brujas
reales no le gustó el trato recibido en la obra y la maldijeron. Y los más
prácticos esgrimen otro argumento: hay tanta violencia y armas en ella que no
es difícil que surjan accidentes.
4. Prohibido silbar
Silbar en escena es sinónimo de mala suerte. Por lo
menos para quien lo haga, ya que la tradición exige que sea despedido.
Todo parece provenir de la época en que no había otra forma de comunicación que
la voz. Los técnicos trasladaban las órdenes dadas por el director mediante silbidos
codificados. Si una persona ajena a ellos silbaba a destiempo, podía
provocar una catástrofe en escena.
5. No regalar claveles
Esta superstición procede, al parecer, del siglo XIX.
Entonces, los teatros contrataban a los intérpretes por temporada y su manera
de comunicar la renovación del contrato a una actriz era enviarle rosas.
Si, por el contrario, le enviaban claveles, era la sutil manera que tenía el
empresario de decirle que estaba despedida.
6. Las plumas de pavo real
Las plumas de este animal están mal vistas no solo en
el teatro. Los coloridos dibujos de estas aves, que pueden recordar a un
ojo diabólico, parecen tener la culpa de ello: significan mal de ojo. Según la
tradición, han ocurrido muchos sucesos desagradables y accidentes en escena con
un denominador común: había en ella una pluma de pavo real.
7. Una luz siempre encendida
Nunca ha de dejarse el escenario completamente a
oscuras. La razón, los fantasmas. En el mundo del teatro son innumerables las
historias y las leyendas sobre fantasmas; la más famosa, la que recogió
Gastón Lerroux en su novela «El fantasma de la Ópera». Para ahuyentarlos,
siempre permanece una luz encendida en el escenario o entre cajas.
8. Prohibido tejer lana
Los actores pasan en ocasiones muchos tiempos
muertos en sus camerinos, esperando salir de nuevo a escena o aguardando en
los ensayos; y han de entretenerse con algo. Pero tienen prohibido tejer algo
con lana, eso significa mala suerte para todo el reparto de la obra.
9. No a los espejos
Que se rompa un espejo equivale, según el
acerbo popular, a siete años de mala suerte, y no solo en el mundo de la escena,
donde son sinónimo de mal fario incluso enteros. De todos modos, y
supersticiones aparte, los espejos reales son elementos peligrosos encima
de un escenario, porque presentan problemas técnicos con las luces, y pueden
ser causa de distracción para algún actor o actriz poco concentrados y con
hinchazón de ego
.10. El libreto bajo la almohada
Algunos actores, durante el período de ensayos,
dormían con el libreto bajo la almohada. No es que se hubieran enamorado del
texto o de su personaje, sino que existía la creencia de que así les sería más
fácil aprenderse el papel; por el contrario, otros lo consideran signo
de mala suerte. En cualquier caso, siempre es más seguro tratar de aprendérselo
a base de estudio y repetición.




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